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70 años de liberación de Dachau, primer campo de concentración nazi

Alemania recuerda hoy domingo la liberación hace 70 años de Dachau, el primer campo de concentración del nazismo.


El nombre de Dachau siempre estará asociado a los crímenes del régimen de Adolf Hitler. Los nazis establecieron en este lugar cercano a Múnich su primer campo, una suerte de “escuela de asesinos de las SS”, las tropas de élite del Partido Nacionalsocialista.

Decenas de miles fueron torturados y asesinados hasta que las tropas estadounidenses tomaron el control el 29 de abril de 1945. La canciller alemana, Angela Merkel, asistirá al acto al que han sido invitados sobrevivientes del campo y soldados que lo liberaron.

Hilbert Margol fue uno de los soldados de la división Rainbow (“Arco Iris”), la primera que llegó a Dachau. Contó que sintieron un tremendo hedor que emanaba del campo. Su hermano gemelo y él fueron enviados a localizar el origen de ese desagradable y penetrante olor.

“Lo primero que vimos fueron unos vagones de carga”, relata el anciando de 93 años. Lo que les esperaba era una escena dantesca: cadáveres apilados. Gente que había muerto de hambre, de sed o acribillada.

En el campo encontraron a más de 30.000 personas completamente desnutridas y abarrotadas en barracas. La fiebre tifoidea se había apoderado del lugar. En la morgue, en la enfermería, en el crematorio: en todos lados había montañas de cadáveres. Los cuerpos sin vida y desnudos yacían también a la intemperie.

Más de 200.000 personas de todas Europa vivieron el calvario de Dachau entre 1933 y 1945. El trabajo duro, el hambre, el hacinamiento y las represalias arbitrarias eran su día a día. Muchos prisioneros fueron utilizados en experimentos médicos y la muerte era el destino seguro para aquellos que no tenían fuerzas suficientes para trabajar.

No se sabe cuánta gente perdió la vida en Dachau. Los documentos del campo consignan casi 32.000 víctimas fatales, pero los historiadores creen que fueron más de 40.000.

Muchas ejecuciones, como las de miles de prisioneros de guerra rusos, no fueron registradas. “Las listas de muertos son cada vez más largas”, escribió el periodista holandés Nico Rost en su diario el día 4 de mazo de 1945.

Los primeros prisioneros llegaron a Dachau el 22 de marzo de 1933, pocas semanas después de que Adolf Hitler llegase al poder. Primero fueron encarcelados los adversarios políticos: comunistas, socialdemócratas y sindicalistas.

Les siguieron sacerdotes católicos y protestantes, testigos de Jehová, judíos, gitanos roma y sinti y homosexuales. Tras el estallido de la guerra fueron internados en Dachau miembros de la resistencia de otros países y prisioneros de guerra.

Los prisioneros de buen estado físico eran forzados a trabajar bajo condiciones inhumanas en la construcción de rutas o en la industria armamentista. Cada día debían cruzar el portón con el cínico lema “Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”). El portón fue robado en noviembre pasado y reemplazado esta semana por una réplica.

Los grupos de trabajo fueron distribuidos en los alrededores y así surgió un sistema de campos externos fuera del predio de Dachau, que llegó a tener hasta 169 de estos grupos. Su cruel perfección lo erigió en modelo para los que le siguieron, como el campo de exterminio de Auschwitz.

“Los hombres de las SS, que años más tarde serían responsables del asesinato de millones en las cámaras de gas, aprendieron en el campo de concentración de Dachau a considerar inferiores a quienes no pensaban como ellos y a asesinarlos a sangre fría”, señala un epítome sobre el campo redactado por el historiador Wolfgang Benz y la ex directora del campo-museo, Barbara Distel.

“La sangrienta puesta en práctica de las teorías nacionalsocialistas comenzó en el campo de concentración de Dachau”, sentencian.

A principios de 1945, los responsables del campo comprendieron que los días de Hitler podrían estar contados. Cuando sintieron el rugido de la artillería norteamericana a partir de mediados de abril se abocaron a quemar documentos, intentaron borrar sus huellas y huyeron.

El 26 de abril obligaron a unos 7.000 prisioneros a iniciar una “marcha de la muerte” en dirección a los Alpes. Cientos fallecieron en el camino. El caos reinaba cuando llegaron los soldados estadounidenses el 29 de abril.

Los prisioneros no podían creer que estaban siendo liberados. “Todos comenzaron a moverse. Los enfermos dejaron su lecho, los casi sanos y el personal de las barracas saltaron por la ventana para llegar a la plaza central. Se escuchaban de lejos los gritos. Eran gritos de alegría”, señala el poeta y escritor Edgar Kupfer-Koberwitz en sus memorias. “Nos besamos como hermanos y nos felicitamos. Muchos tienen los ojos llenos de lágrimas. Nos apretamos las manos: ¡Libres, libres!”.

Dachau (Alemania), 2 mayo (dpa)

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