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Alemania autoriza el proceso contra el humorista que ofendió a Erdogan

El Gobierno de Angela Merkel decidió hoy autorizar el proceso penal contra el famoso humorista alemán Jan Böhmermann por ofender al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con un poema grosero leído en la televisión pública germana.

El poema titulado “Crítica difamatoria”, que el mismo humorista calificó de contrario a la ley alemana, desató la indignación en Turquía y llevó a Ankara a solicitar a Berlín la autorización necesaria para que la Justicia germana pueda abrir un proceso penal contra él.

Tras someter la petición a un “concienzudo” análisis por parte del Ministerio de Justicia, Interior, Exteriores y la Cancillería durante días, el Gobierno alemán acabó por dar luz verde a la petición de Ankara, sin el apoyo del Partido Socialdemócrata (SPD), socio de Merkel en el Gobierno de coalición.

“En un Estado de derecho no es el Gobierno, sino los fiscales y los jueces los que deben sopesar los derechos de las personas en relación con la libertad de prensa y artística”, justificó la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) la polémica decisión.

Consciente de las críticas por esta decisión, Merkel aseguró que Alemania seguirá abogando a favor de que se defiendan derechos fundamentales como son la libertad de expresión, artística y de prensa. “Reclamaremos su protección también de Turquía”, declaró.

Asimismo, para evitar que una situación como ésta se vuelva a repetir en un futuro, Merkel anunció que el Gobierno alemán presentará esta legislatura una propuesta de ley para abolir la ley que pena las ofensas contra jefes de Estado extranjeros y que deberá entrar en vigor en 2018.

La decisión ha provocado toda una oleada de críticas en el país que acusan a Merkel de plegarse ante los deseos de un país como Turquía, donde son juzgados periodistas y los diarios opositores son sometidos al control del Estado.

El ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, y el titular de Justicia, Heiko Maas, ambos del SPD, calificaron de “error” la decisión de Merkel y afirmaron que votaron en contra de conceder la autorización. “En caso de empate decide el voto de la canciller alemana”, informó Steinmeier.

“La decisión es un error. Perseguir penalmente por una sátira por ‘delito de lesa majestad’ no formar parte de una democracia moderna”, aseguró Thomas Oppermann, líder de la fracción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD).

“Es una reverencia insoportable: Merkel se somete al déspota turco Erdogan y sacrifica la libertad de prensa en Alemania”, declaró por su parte la líder de la fracción parlamentaria de La Izquierda, Sahra Wagenknecht, a través de la red social Twitter.

De la misma opinión se mostró la líder del grupo parlamentario de Los Verdes Katrin Göring-Eckardt que también acusó a Merkel de someterse a Erdogan en favor del reciente acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Turquía para limitar el flujo de refugiados del que se está beneficiando especialmente Alemania, después de que en 2015 llegaran 1,1 millones de refugiados al país.

Sin embargo, desde sus filas salieron en su defensa. “El Gobierno alemán se toma en serio el Estado de derecho aunque algunas veces duela”, dijo el secretario general de la CDU, Peter Tauber.

“La sátira tiene permitido todo, pero no toda ofensa es una sátira. Dónde está el límite es algo que en nuestro Estado de derecho deberán decidir los tribunales”, apuntó por su parte el líder de la fracción conservadora, Volker Kauder.

Todo comenzó con el descontento de Turquía por un programa de sátira política, el “extra 3”, que se emite en la televisión pública NDR, que había difundido un rap fustigando la gestión de Erdogan.

Como reacción a las críticas turcas, Böhmermann leyó el poema en su show televisivo de sátira “Neo Magazin Royale”, en la cadena pública ZDF, para explicarle a Erdogan la diferencia de lo que está permitido y lo que está prohibido en Alemania.

Böhmermann aclaró una y otra vez que lo que leía era algo que no estaba permitido y se explayó sobre los recursos que ofrece el Estado de derecho para defenderse de difamaciones.

En concreto, el párrafo 103 del código penal alemán establece que jefes de Estado extranjeros, miembros de gobiernos o representantes diplomáticos de otros países gozan de la protección de la dignidad estén o no en Alemania.

Las ofensas a un jefe de Estado extranjero pueden ser penadas con hasta tres años de cárcel y multas pecuniarias. Las calumnias difamatorias se sancionan con hasta cinco años de prisión.

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