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Alemania mira a España para suplir su falta de aprendices

Cientos de jóvenes españoles llegan cada año a Alemania respondiendo a la llamada de empresas y administraciones que, a cambio de formación y un futuro profesional, tratan de suplir la falta de candidatos locales.



Uno de ellos es Darío Saviotti. El joven de 33 años y aprendiz de cocinero cambió el suave clima del sur por el frío del norte de Alemania. En su pequeño apartamento en Wittenberge se prepara una tortilla que consuele la lejanía de su casa.

Su compañera de piso, la húngara Szilvia Szegedi, hace lo propio y cocina un gulash. Ambos coinciden que pocas cosas evocan tanto la nostalgia del origen como la comida.

Los dos jóvenes no solo comparten este remedio cuando el anhelo de la casa es demasiado grande, sino también formación, trabajo y un futuro laboral como cocinero profesional en Alemania.

Darío y Szilvia son dos de los alumnos seleccionados por la Cámara de Comercio de Potsdam, este de Alemania, para formar parte de un proyecto de formación de jóvenes y que, ante la falta de candidatos alemanes, abrió el campo de búsqueda fuera del país.

“Buscamos aprendices sobre todo en España, pero también tenemos candidatos desde Hungría y Croacia”, asegura Sina Richardt, una de las gestoras del proyecto. La razón es simple: a pesar de los esfuerzos de las empresas germanas, apenas hay candidatos locales.

Una circunstancia que se repite en otras ciudades alemanas y que obligó a sus diferentes organismos, a través del programa “MobiPro”, a buscar en el sur de Europa, donde hay una alta tasa de desempleo juvenil.

En el “Land” de Sajonia hay 955 aprendices extranjeros. Uno de cada ocho viene de España. El estado federado de Turingia está interesado principalmente en jóvenes griegos para trabajar en enfermería. De los 26.600 aprendices que se formaron en Bradenburgo en 2014, cerca de 500 eran extranjeros.

Unas cifras que, ante la falta de jóvenes en la región, fueron recibidas con agrado por el sector gastronómico alemán. Lars Meiswinkel, propietario de la empresa de catering Lucullus, asegura: “Necesitamos urgentemente mano de obra”.

Además de la formación, los alumnos reciben un subsidio de unos 250 euros (276 dólares), todo el material necesario y asesoramiento para la búsqueda de alojamiento.

La información sobre el programa está en Internet, aunque hay aspectos que los alumnos descubren en su día a día. “Aquí el clima es duro”, asegura Darío, que asimismo se afana por aprender alemán lo más rápido posible.

Poco más de la mitad de españoles que comenzaron la formación el año pasado, continúan. Otros decidieron cambiar de profesión. “La cocina no era lo mío”, dice Xavier Alegre, un español de 27 años que decidió colgar el delantal para formarse como especialista en seguridad.

Darío no tiene decidido si se quedará en Alemania debido a que tiene un hijo en España. El futuro lo dirá. Hasta entonces, en su mesa y junto a su tortilla, coloca su ahora plato favorito alemán: la típica “Kartoffelsalat” o ensalada de patata.

Wittenberge (Alemania), 11 ago (dpa)

Por Gudrun Janicke

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