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Boris Becker, el adolescente que ganó Wimbledon, cumple 50 años

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Figura de cera de Boris Becker

La pregunta de cómo va a festejar sus 50 años incomoda a Boris Becker. “Hasta este momento, la ronda de preguntas había sido simpática, pero ahora me recuerdan que me estoy haciendo viejo. Este es un tema privado del que no quiero hablar públicamente”, responde sonriendo una de las grandes leyendas de la historia del tenis.

Enfundado en una chaqueta beige, Becker está sentado en un improvisado podio del Tennis Club Ismaning, a las afueras de Múnich. El exjugador, que llega con retraso de Londres, prefiere hablar de la situación del tenis de su país, elogia a Alexander Zverev y afirma nuevamente que su trabajo en la Federación alemana es “un trabajo de corazón” para él.

Sin embargo, en ese momento las preguntas sobre su vida privada o su situación financiera no son bienvenidas. Durante los últimos meses, siempre que se habló de Becker no se hizo en una conversación de tenis. ¿Estaba en la ruina, como decían algunos medios británicos? ¿Es cierto que partipará en un programa de famosos en la jungla? ¿Juega realmente al póquer con fines benéficos en un casino de la República Checa?

UNA LEYENDA DEL TENIS

Becker, exnúmero uno y campeón de seis Grand Slam, cumple 50 años y en la fecha aparece todo lo contradictorio e intangible de su biografía. El alemán fascinó al mundo con su juego apasionante, sus volteretas en la red para llegar a pelotas imposibles, sus rodillas sangrantes y su rivalidad con John McEnroe y otros tenistas de su época.

No obstante, también fue conocido por un affaire extramatrimonial, del cual quedó una hija, o de las apariciones televisivas con un particular matamoscas en la cabeza.

“Desde hace 30 años vivo públicamente. Por eso se paga un precio”, dijo Becker en un documental emitido la semana pasada en el canal alemán ARD. Los realizadores, Hans-Bruno Kammertöns y Michael Welch, acompañaron desde finales del año pasado al campeón alemán.

Así, filman al exjugador en su casa en el distrito londinense de Wimbledon, pero también en otros contextos: de vacaciones en la isla española de Ibiza junto a su esposa, Lilly, o en una aparición en la prestigiosa Universidad de Cambridge. Los autores le filman incluso cuando está en una mesa de operaciones o volando en helicóptero a Mónaco.

“Cuando miro atrás en mi vida, algo que como hombre se hace por primera vez con 50 años, creo que hice más bien que mal”, reflexiona Becker, que a los 17 años impresionó al mundo ganando el primero de sus tres títulos en Wimbledon.

Luego llegaron los focos: conoció al Papa en el Vaticano, le estrechó la mano a la Princesa Diana de Gales, se entrevistó con el entonces canciller Helmut Kohl y fue recibido en la Casa Blanca. Y empezó a convertirse, con los años, en una de las leyendas del deporte alemán.

ESCÁNDALOS EN SU VIDA PRIVADA

Entretanto, en 1986 y en 1989 volvió a ganar Wimbledon. Sumó en total 49 títulos y llegó, en enero de 1991, al número uno del ranking mundial. En 1988 y en 1989, ganó con Alemania la Copa Davis. Sin embargo, después del final de su carrera, surgieron los escándalos de su vida privada. “Lamento cada error que cometí, ¿pero quién no comete errores?”, dijo Becker a la revista ‘Gala’.

Desde el verano, las noticias sobre su situación financiera copan los titulares. Becker dio recientemente dos entrevistas. En ‘Gala’, habla de su matrimonio, de sus hijos, de su salud y de su relación con Alemania. En el ‘Neuen Zürcher Zeitung’, en cambio, se refiere detalladamente a sus deudas, aunque niega que haya procesos por insolvencia en su contra. “Es una locura pensar que estoy en la quiebra”, declara.

La relación de Becker con su país es particular. “¿Cómo puede ser?”, se preguntan muchas personas. Solo cuando la Federación alemana de tenis lo presentó como jefe del tenis masculino del país, a finales de septiembre, cambió un poco la percepción que se tenía de él.

Después de su exitoso trabajo como entrenador del serbio Novak Djokovic, Becker volvió a trabajar con jugadores alemanes. “Le gusta, realmente disfruta haciéndolo”, dice una persona de la federación alemana que conoce a Becker desde hace tiempo. “Pero créanme: nunca habla con nosotros de su situación financiera”.

“Sería tonto si revelara mi estrategia”, dijo Becker, enigmático, en el film. “Sin embargo, el objetivo es el mismo: ganar el partido”. Aún a los 50, hay algunas costumbres que no se pierden.

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