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El choque cultural inverso, qué es y cómo evitarlo

Después de1 una temporada en el extranjero llega uno de los momentos más deseados (o no) para un emigrante, la hora de volver al hogar.

Para evitar el choque cultural inverso, es decir, el sentimiento de desarraigo de nuestro propio país, Sergio Delgado -psicólogo general sanitario y especialista en procesos psicológicos en el emigrante, coordinador de Psicología en la red-, nos da unas claves para afrontar este problema.

Destino Alemania: ¿Qué es el choque cultural inverso y qué lo provoca?

Sergio Delgado: El choque cultural inverso es el conflicto cognitivo y emocional que tiene el emigrante en el proceso de retorno a su lugar de origen, dándose sentimientos de extrañeza y de frustración con pensamientos de decepción o de no encajar en el lugar de origen.

Esto puede ser debido tanto por motivos de cambios internos, como el desarrollo personal, o bien por contextos más o menos cercanos o de cambios políticos, sociales o culturales. De este modo, el retornado se siente extraño y no está a gusto en el lugar del que proviene.

Si bien esta sensación de extrañeza suele ser normal en los primeros momentos, cuando hablamos de un problema psicológico es si se prolonga en el tiempo este tipo de pensamientos negativos, viéndose incapaz de salir de este estado.

¿Qué sentimientos se asocian a este síndrome?

Los sentimientos de extrañeza, de incomprensión tanto de lo externo como de quien le rodea, estar fuera de lugar, sentirse culpable por no ‘estar feliz’ en su lugar de origen y con los suyos, cuando era algo que deseaba. Siente que traiciona a los suyos y a sí mismo.

En definitiva, cuando se produce un choque cultural inverso la persona sufre cierta melancolía por el lugar al que emigró y cierta tristeza por el lugar de origen que dejó antes de emigrar y que siente diferente o cambiado.

¿En qué momento empieza a tener lugar el choque cultural inverso, desde que se empieza a planear la vuelta o al llegar al país de origen?

Se puede comenzar a sentir en el momento que se planea regresar, pero dependerá de las causas por las que se regresa. Si hay una parte de la persona que en realidad quiere seguir en el lugar al que emigró comenzará el choque cultural inverso en ese momento.

Para otros comienza tras el periodo de ‘reenamoramiento’ con el lugar de origen, que son los momentos de reencuentro con la familia y los amigos a los que están unidos por sentimientos positivos.

La persona puede llegar a sentir que en su lugar de origen cada uno hace su vida y ha perdido esa sensación de novedad. Además, el emigrante muchas veces ha fantaseado o soñado con la vuelta como un momento de felicidad, pero una vez asentado de nuevo en su país, puede ver que todo lo que fantaseó no se cumple. Ahí es cuando se agudizan los sentimientos de soledad, de aislamiento, de vacío, algo que se prolongará si no logra adaptarse de nuevo.

¿A quién suele afectarle más, a los hombres o a las mujeres?

No hay estudios que determinen si hay diferencia de género con respecto a este síndrome.

¿Se trata de algo temporal o puede derivar en algo más serio?

Si bien es un estado anímico normal en los primeros momentos por el cambio y la necesidad de adaptación, la temporalidad o la intensidad del impacto tienen origen en factores personales y sociales. En este sentido podemos hablar de algunos factores de los que va a depender su prolongación.

-De la razón de la vuelta: si es fruto de una decisión madurada y voluntaria o bien por estar forzado según las circunstancias. La sensación de una decisión propia ayuda a una mejor adaptación.

-Si ha estado a gusto en la cultura y sociedad a la que emigró: si se adaptó positivamente y las costumbres y normas sociales han calado en la persona. A mayor satisfacción del lugar en el que emigró, mayor conflicto con el lugar de origen.

-Según el tiempo de estancia en el que ha estado fuera: a mayor tiempo se suelen dar mayores cambios internos y externos.

-Según el nivel de cambio del lugar de origen: puede que su etapa evolutiva esté relacionada con fuertes cambios a nivel socio-familiar, como muertes o ausencias de personas cercanas.

-También es muy importante la forma de ser de la persona, ya que su capacidad de adaptación a nuevas situaciones, su flexibilidad cognitiva y su actitud hacia la nueva etapa, van a ser fundamentales en asimilar o rechazar los cambios.

La prolongación de este conflicto emocional y cognitivo puede generar cuadros depresivos y de ansiedad por el sentimiento de no poder adaptarse de nuevo a su contexto de origen.

Esto también puede generar una actitud que se suele dar en las personas que se sienten insatisfechas por volver, como es la necesidad de ‘emigrar continuamente’. Es lo que se le suele llamar ‘El síndrome del viajero eterno’. Es decir, esa insatisfacción en el retorno puede llegar a prolongarse en una eterna insatisfacción en cualquier lugar en el que estemos.

En realidad, la búsqueda de cambios continuos están tapando un sentimiento de vacío interno por no ‘encontrar un lugar en el mundo’, algo que parece muy filosófico, pero que es fundamental en la vida de la persona, el sentir que encaja en el lugar donde existe.

¿Cómo se debe plantear el retorno al propio país para evitarlo?

La prevención puede plantearse tanto en el momento de nuestra decisión de volver, como una vez en el propio país. Estas serían algunas de las recomendaciones al respecto.

Antes de retornar, hay que ser conscientes de lo que ha ido cambiado a nivel familiar, de amigos y social, y partir de esos cambios aceptar las nuevas situaciones. Además, tener cuidado con las fantasías del retornado, ya que la realidad nos suele devolver aspectos negativos de ese retorno. Por último, realizar rituales de despedida del lugar al que emigró, que ayudan a la persona a dejar atrás aquello que ha vivido.

Una vez retornado, hay que volver a conocer el lugar de origen sin prejuicios y estar abierto a lo que nos va sucediendo. Confiar en la nueva etapa como posibilidad de nuevas experiencias en donde desarrollarnos. También, generar en el país de retorno nuevamente los lazos sociales y familiares, aceptando los cambios, construyendo el día a día, desde aquello que nos ilusione. En este sentido hay que partir de lo que somos en ‘el aquí y el ahora’, por lo que puede que nuestros cambios internos nos lleven a nuevos ámbitos de la vida que en etapas anteriores no nos habíamos planteado.

En definitiva, es confiar en que uno mismo tiene los recursos y las capacidades para generar de nuevo una vida plena. Una visión que suelo proponer a las personas que están pasando por este problema es plantearles que el lugar en el que están viviendo en el presente es ‘un escenario’ y lo importante es representar bien su papel. Si tenemos bien claro nuestro papel el escenario nos ayudará a representarlo, pero no será fundamental.

¿Cómo puede recuperarse la persona afectada?

Hay que tener en cuenta que los duelos y pérdidas que se dan en los procesos migratorios, tanto al ir como al retornar, pasan por etapas de altibajos emocionales normales y que la persona cuando sufre un cambio tiene que asumir ese duelo y esa pérdida como algo de la vida.

Poco a poco irá recobrando la estabilidad emocional, sobre todo si comienza a ‘construir’ de nuevo su vida y pasa a la acción. En este sentido hay que estar abierto a la nueva experiencia que supone la readaptación de donde procedemos, con la necesidad de que tendremos que poner de nuestra parte.

El problema es si se entra en un estado de inacción y de añoranza por lo perdido y se prolonga en el tiempo. Cuando existe un bloqueo en las acciones, con sentimientos de depresión y ansiedad, se recomienda acudir a un profesional como ayuda externa para poder superar esta crisis.

Colonia (Alemania), 16 feb (MJ García)

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