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El copiloto de Germanwings: joven, alemán y sin sombras de extremismo

cockpit-547890_1280La investigación de la catástrofe aérea de Germanwings dio hoy un giro dramático cuando la fiscalía francesa reveló que el copiloto estrelló el avión a propósito, convirtiéndolo en la clave para aclarar el misterioso accidente con 150 muertos.


Identificado como Andreas Lubitz, el copiloto era un joven alemán de 27 años crecido en Montabaur, una pequeña ciudad en el oeste de Alemania, donde sus padres tienen aún una casa con jardín en un barrio tranquilo del sur de la ciudad.

“Vivía con sus padres en Montabaur y también tenía una vivienda en Düsseldorf”, informó hoy a la agencia dpa Gabriele Wieland, alcaldesa de la ciudad de 12.500 habitantes.

En 2008 comenzó a prepararse como piloto en la escuela de vuelo de Lufthansa, matriz de Germanwings, en la ciudad de Bremen. Durante unos meses interrumpió la formación, una pausa hasta ahora sin explicación para los investigadores.

Finalmente consiguió la plaza como piloto de Germanwings en 2013. Contaba con 630 horas de experiencia de vuelo y una capacidad fuera de dudas. “Era 100 por ciento apto para volar. Sin peros ni matices”, señaló el director ejecutivo de Lufthansa, Carsten Spohr.

Las autoridades de seguridad aérea alemanas confirmaron que Lubitz había superado por última vez las pruebas de aptitud para volar en enero de este año. Al igual que en los dos exámenes anteriores, en 2008 y 2010, sin mostrar el menor indicio de anomalías.

El copiloto había sido recordado esta mañana en Montabaur por sus compañeros del club de vuelo sin motor al que pertenecía, el LSC Westerwald, que en un mensaje en su web señalaron: “Pudo cumplir su sueño. Un sueño que pagó tan caro con su vida”.

Nada en su perfil llamaba la atención hasta que la fiscalía francesa reveló hoy lo inesperado: según los investigadores, Lubitz aprovechó que el piloto iba al baño, bloqueó la puerta de la cabina y activó “a propósito” el descenso del avión que terminó con la catástrofe.

Los detalles sobre su vida comenzaron a aparecer a cuentagotas: el joven era un corredor aficionado que participaba en las carreras del club de vuelo y había recibido un reconocimiento de la Administración Federal de Aviación (FAA).

Los conocidos lo describieron como educado, alegre y amable. “Fue como un golpe en la cara”, comentó una vecina del copiloto sobre la posibilidad de que estrellara el vuelo a propósito. Otro vecino estaba estupefacto: “Me niego a creerlo…”

Pero la pregunta que el mundo entero se planteó fue si el copiloto podía haberse radicalizado y provocado el peor accidente aéreo de los últimos años en Europa como un atentado. Las autoridades descartaron hasta ahora de plano esa posibilidad.

“No hay un trasfondo ni motivación terroristas”, señaló el ministro alemán del Interior, Thomas de Maizière.

De Maizière explicó que el mismo martes del accidente tanto las autoridades de seguridad alemanas como la aerolínea Lufthansa siguieron el protocolo regular de consultar en los archivos de inteligencia posibles vínculos del copiloto.

“Las consultas dieron resultados negativos”, señaló el ministro. “Por ahora no puedo dar otras informaciones hasta que hayamos comprobado todo”. También en la fiscalía francesa descartaron la hipótesis terrorista.

En Montabaur, entre tanto, reinaba una segunda conmoción después de la que generó la noticia del accidente. Y todos se preguntaban qué pudo arrastrar a Andreas a lo impensable: buscar la muerte junto con otras 149 personas.

 

Por Pablo Sanguinetti y Almudena de Cabo

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