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Fast Fashion, el lado oscuro de la moda

Death of A Thousand Dreams

Foto: Talisma Akhter

La foto de una pareja sin vida abrazada entre los escombros de una fábrica textil en Bangladesh, donde murieron más de 1.000 personas, dio la vuelta al mundo en 2013. Ahora la foto de Taslima Akhter es parte de la exposición “Fast Fashion. El lado oscuro de la moda” en el Museo de Arte y Oficio en Hamburgo.


“La industria Fast Fashion posee un balance medioambiental sumamente malo y pertenece a los sectores con condiciones laborales catastróficas y con salarios por debajo del mínimo necesario para subsistir”, explicó hoy la comisaria artística, Claudia Banz.

La exposición busca informar al público sobre la relación que tiene esto con nosotros como consumidores. “Las condiciones, que denunciamos ahora en Asia y en el este de Europa, es algo que vimos aquí en el siglo XIX y XX. Eso es algo que no ha cambiado mucho, sólo hemos trasladado el problema más al este”, indicó Banz.

En una pizarra se puede ver el recorrido de un vaquero: desde el boceto del diseño en los Países Bajos hasta su venta en Alemania y el traslado de ropa usada en Zambia. El pantalón recorre 40.000 kilómetros, empezando desde la fabricación del algodón en Uzbekistán pasando por los hilos y tejidos en la India y la coloración en China hasta su elaboración en Bangladesh y perfeccionamiento en Turquía.

A través de la Fast Fashion -en la que se engloban, sobre todo, las cadenas internacionales de bajo coste en las zonas comerciales- se pierde el valor que le damos a la ropa. “Se ha perdido la conciencia de que detrás de esta ropa hay también trabajo y personas”, afirmó la comisaria al mismo tiempo que criticó la inteligente estrategia de márketing, que hace creer a las ‘fashion-victims’ que deben consumir las nuevas tendencias ofreciendo un bajo precio.

La exposición ofrece así al visitante una mirada crítica entre bastidores de la industria textil con ayuda de pizarras, audio y películas documentales. Con ayuda de gráficos se muestra, por ejemplo, cómo una costurera apenas recibe 18 céntimos por una camiseta que se vende por 29,95 euros.

“Queremos dejar claro al visitante que ellos son los consumidores y que pueden cambiar las cosas a través de su comportamiento a la hora de comprar”, explicó Banz.

Dentro de las alternativas se encuentra el movimiento “Slow Fashion”, parecido al de “Slow Food”, que reclama a la gente a asumir una mayor responsabilidad respecto a las personas, el medioambiente y los productos.

Fuente: dpa

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