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Jugadores de baloncesto españoles abandonados a su suerte en Alemania

albertTodo apuntaba a un prometedor futuro como deportista haciendo carrera en el extranjero. Un equipo familiar,semi profesional y con perspectivas claras al ascenso, los Westfalen Mustangs,  a cambio de alojamiento, curso de alemán  y un pequeño sueldo de 700 euros. Para  el joven jugador Albert del Hoyo, un gran paso para poder vivir de lo que más le gusta: el baloncesto.

A su madre, que el hijo se fuese fuera se le hacía más difícil. Con 24 años, Albert se iba a vivir al extranjero y  sus padres decidieron acompañarlo a Alemania. Después de unos días conociendo el futuro hogar,  ellos se despidieron no sin antes asegurarse de que  la tutora cuidaría de su hijo.  Una promesa que pronto resultó ser incierta tanto para Albert como para el resto de sus compañeros de equipo.

Primero, porque la vivienda individual acordada  tipo bungalow nunca llegaba. Aunque Albert consiguió quedarse la mayor parte del tiempo en un piso, a sus compañeros los movían de hotel a hotel cada varios días. Una práctica que hizo desconfiar a los jugadores del equipo,  en su mayoría extranjeros. Según Albert, la situación era agónica y  aún hoy no saben si recibirán lo que les debe: “Mientras,  estamos aquí sin recursos y sin poder ver a la familia y amigos”.

Como se demostraría más tarde con las sucesivas denuncias interpuestas por  establecimientos hoteleros a raíz del caso, las víctimas dan por seguro que el club no pagaba sus  facturas y se veían obligados a cambiar de alojamiento cada cierto tiempo.  Temur Kiknadze, jugador  de los Mustangs,  también de Barcelona, lo confirma:  “teníamos que movernos cada 3 ó días a hoteles diferentes. Algunos estaban afuera de la ciudad a varios kilometros sin comunicación, ni wifi, ni un supermercado donde comprar ni un sitio donde cocinar o lavar la ropa…”.

18406128_10212707751308641_1493142524_oEn plena odisea, llegaron incluso a verse alojados en un  hogar de refugiados en Herzebrock Clarholz: “Después de dos meses así, nos mandaron a una casa a 30 km que resultó ser un hogar para refugiados. El agua olía y salía sucia, el desagüe se atascaba y se inundaba el baño,  no había ni comunicación ni wifi”, narra Kiknadze: “Al final, como tenía carné yo me encargaba de conducir una furgoneta que nos dejaron y teníamos que pagar la gasolina nosotros mismos”.

Tampoco llegaron los cursos de alemán prometidos ni los salarios, que desde la primera nómina venían con retraso.  Actualmente, no han recibido ningún sueldo prácticamente desde enero. El club se defendía diciendo que  los patrocinadores habían cancelado el contrato. Pero cuando se canceló de verdad fue a final de temporada pese a haber ascendido de categoría.  Posiblemente, porque a la empresa Pflüger no le agradará verse relacionada con noticias como estas.

En defensa de sus derechos

Aunque haya sido una pesadilla para sus protagonistas, toda esta historia entraría dentro de lo posible si no fuese porque los Westfalen Mustangs ya tuvieron experiencias similares con otros jugadores en el pasado.  Con una dinámica parecida a la del grupo de Albert, hace dos años se negaron a pagar a otro grupo de estadounidenses que, al final, optó por atrincherarse en el piso para defender sus derechos. Según Albert, aquellos se tomaron incluso la justicia por su mano y “secuestraron” a director del equipo hasta que pagó sus deudas.

Sin embargo, ni él ni sus compañeros están interesados en ir tan lejos.  Simplemente aspiran a que se cumplan sus derechos: “Primero esperamos conseguir justicia por lo que nos  han hecho no solo a nosotros, sino también a los antiguos jugadores, acabando con el club. Si al final se demuestra todo, deberían ir a la cárcel. En segundo lugar esperamos poder obtener todo lo que se nos debe y cerrar este capítulo”.

Un prueba de fuego en Alemania ante la que Albert resiste a pesar de las desgracias. Ante la pregunta sobre si le daría otra oportunidad a Alemania de cara a su futuro profesional, el jugador no duda en contestar de forma afirmativa: “ Vinimos aquí buscando una oportunidad y no nos daremos por vencidos por eso. Sabemos que es un gran país y queremos volverlo a intentar otra vez, a pesar de lo que nos ha pasado”, concluye.

 

 

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