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La avalancha de refugiados descubre las dos caras de Alemania

sea-412519_1280La mayor ola de refugiados que se registra desde los años 90 ha dejado al descubierto la mejor y la peor cara de Alemania y reavivado el debate sobre el papel de la inmigración en un país que se resistió durante mucho tiempo a aceptarla.

Miles de personas del Cercano y Medio Oriente, de África y de los Balcanes llegan a diario a Alemania, que, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se ha convertido en el principal destino de los refugiados en Europa.

Unas 200.000 han arribado en lo que va del año, el mismo número que en todo 2014. La Oficina de Migración y Refugiados calcula que en 2015 habrán buscado amparo en suelo alemán hasta 450.000 personas.

La avalancha de refugiados ha desbordado a las autoridades y los números han superado todos sus pronósticos. En una carrera contrarreloj se habilitan escuelas, cuarteles, gimnasios y todo tipo de recintos para albergar a los recién llegados. En ciudades como Dresde o Hamburgo se han montado campamentos con carpas ante la falta de espacio. “El año pasado nos habían anunciado una tormenta, pero nos llegó un tornado”, explicó Gisela Erler, concejal verde en el estado de Baden-Württemberg, al diario “Südkurier”.

Las imágenes de más y más gente llegando casi con lo puesto desató una ola de solidaridad. Una serie de iniciativas ciudadanas se formaron para dar la bienvenida a quienes huyen de la guerra y la persecución o solamente aspiran a una vida mejor en uno de los países más ricos del planeta.

En Aquisgrán, en el oeste alemán, se habilitó en pocas horas un colegio para dar cabida a 300 refugiados. Nada más llegar, los vecinos se acercaron con ropa, mantas y juguetes y estudiantes de la cercana Universidad de Siegen se ofrecieron como intérpretes.

En Hamburgo, la segunda ciudad alemana, que espera recibir este año hasta 31.000 refugiados, miles de personas respondieron de forma abrumadora a una campaña de donación de artículos de primera necesidad convocada por un diario local.

También el sector empresarial ha reaccionado. Algunas compañías como el gigante Siemens ofrecen prácticas a refugiados como un primer paso para la inserción en el mundo laboral y varias universidades han abierto cursos específicos para inmigrantes con estudios.

Pero al mismo tiempo, la llegada masiva de refugiados ha desatado el odio racial, evocando la dramática ola de ataques xenófobos de los 90 que despertó indignación en todo el mundo. Ocho personas murieron entonces en dos incendios provocados por ultraderechistas en viviendas habitadas por inmigrantes turcos en Mölln y Solingen. También hubo graves ataques en Rostock, Hünxe y Hoyerswerda.

Con una frecuencia alarmante -casi a diario- se suceden también ahora los ataques a centros de refugiados y las agresiones físicas a los inmigrantes. Según cifras oficiales, en lo que va del año se han contabilizado 202 agresiones a refugiados y a hogares de acogida, un 75 por ciento más que el año pasado.

La reacciones xenófobas han sido especialmente virulentas en el este del país. La localidad de Freital, pegada a la ciudad de Dresde, fue escenario de protestas de vecinos y neonazis en las que volaron piedras contra un centro de refugiados.

“¿Qué dice de la situación? La gente está tirando piedras”, preguntó un reportero de la televisora ARD a una mujer que presenciaba una de las penosas escenas en Freital. “Sí, pero no le tiran a alemanes”, fue la respuesta. “Pero le están tirando a personas”, insistió el cronista. “… Como le dije: no a alemanes”.

Los políticos temen que los crecientes gastos que exige recibir a los refugiados impliquen menos dinero para viviendas, escuelas y guarderías, un argumento que sería agua para los molinos de la ultraderecha. Por ello, tanto los municipios como las regiones exigen más fondos del gobierno nacional.

Según el diario “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, los estados federados alemanes han visto duplicarse los gastos destinados a los refugiados, que podrían alcanzar este año entre 5.000 y 6.000 millones de euros (entre 5.500 y 6.600 millones de dólares).

La ola de refugiados ha puesto nuevamente sobre el tapete el debate sobre las ventajas y desventajas que tendría una ley de inmigración en un país con la tasa de natalidad más baja del mundo y cuyo futuro dependerá de la inmigración.

Los Verdes y el Partido Socialdemócrata (SPD) demandan desde hace tiempo seguir el ejemplo de Canadá, que canaliza la llegada de inmigrantes de acuerdo a sus necesidades a través de un sistema de puntos.

También la canciller Angela Merkel se ha mostrado abierta a simplificar el sistema actual, que contempla más de 50 diferentes permisos de residencia, a través de una ley de inmigración. Pero Merkel se enfrenta a la resistencia del ala conservadora de su partido, la Unión Demócrata Cristiana y a la rama bávara, la Unión Social Cristiana.

Por María Laura Aráoz (dpa)

Berlín, 29 jul (dpa)

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