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Los estereotipos sobre los alemanes, ¿qué hay de verdad y qué de mito?

german-flag-1332897_960_720“¡Desayuna fuerte, reserva tus vacaciones con años de antelación, ponte ropa adecuada al clima y obedece siempre al semáforo!”, reza el prólogo de un simpático libro que explica ‘Cómo ser alemán en 50 pasos sencillos’.

Adam Fletcher, un inglés que se encariñó de Berlín, desgrana con humor algunos estereotipos sobre los alemanes. Muchos de ellos se derivan de las llamadas ‘virtudes alemanas o prusianas’. El rey Federico I de Prusia subió al trono en 1713 y encontró un Estado venido abajo y endeudado que reformó y saneó con mano dura. La austeridad, el orden, la laboriosidad y la humildad fueron algunas de las máximas de este rey de profunda fe protestante, que también aplicó para formar un poderoso Ejército.

Pero, ¿hasta qué punto son ciertos estos tópicos? A continuación, algunas experiencias de españoles y latinoamericanos:

Cuadriculados

Yan Ping, ingeniera informática chino-española de 34 años que reside desde 2013 en Berlín: “Nuestra mudanza para nosotros ha sido un ejemplo porque nos hemos topado con el alemán cuadriculado. No querían descargar la mudanza en el segundo piso porque tardarían media hora más de lo previsto y tenían a continuación otra. Insistían en llevar todo de nuevo a la antigua casa cuando ya estaban en la puerta de la nueva. Si se sale un poco del plan, ya no pueden hacerlo”.

Se atienen a las reglas

Guiomar, historiadora del arte madrileña, 30 años. Vivió seis meses en Berlín. “He visto varias veces cómo, en la noche, sin que se viera ni siquiera un coche a lo lejos, respetan el tiempo del semáforo en rojo para el peatón. Simplemente esperan, aunque estén absolutamente solos en toda la avenida. Yo he llegado a aventurarme a cruzar en esa circunstancia, sin coches mientras ellos estaban parados esperando, y les miraba atónita como si hubiera una cámara oculta. En cuanto se ponía verde, echaban el pie a la calzada”.

Martha, periodista y traductora argentina de 54 años. Vive desde hace 31 años en Hamburgo: “Existe incluso una palabra para definir al que cruza el semáforo en rojo, ‘Rotgänger’, y he visto a una madre animar a sus hijos a increpar a uno que hacía caso omiso del semáforo”.

Exactos, pero no tanto

José, arquitecto español de 32 años. Vive en Berlín desde hace ocho años. “En la película ‘Atomic Blond’, la última de Charlize Theron que se sitúa en 1989 en Berlín, hay una escena en la que se detecta un error en el número de identificación de un cadáver y la protagonista (inglesa o estadounidense) le dice a la médico alemana ‘bueno, puede haber sido un pequeño error’ y la médico le contesta ‘esto es Alemania, aquí los pequeños errores no existen’. Todo el cine se partió de risa con la frase. A mí me dio que pensar. Los alemanes se tienen muy bien considerados aunque a mí me parece que hacen mucho la vista gorda con lo que les interesa, al contrario que en España. Allí todo el mundo se jacta, por ejemplo, de bajarse pelis online ilegalmente y aquí nadie se jacta de ello pero muchos lo hacen”.

Directos y poco diplomáticos

Laura, colombiana de 26 años que estudia desde 2011 en Hamburgo: “Los alemanes tienden a ser cumplidos y directos, esto puede ser un poco chocante para los latinos que manejan un sistema de comunicación indirecta y mentiras blancas con plazos flexibles”.

Guiomar: “Son directos, cuentan lo fundamental en seguida, en apenas unas palabras han dado el titular de sus ideas. No se andan con discursos para disfrutar del lenguaje”.

Odian el ruido

Guiomar: “Tuvo que ser de foto la cara que puse cuando mi compañero de piso alemán me dijo muy seriamente que estaba absolutamente ‘verboten’ (prohibido) poner la lavadora y limpiar los domingos. Ay el día que se me olvidó. No se puede hacer ruido. No”.

Distantes

Laura: “Son reservados cuando se trata de expresar sentimientos. Acá las mujeres suelen tomar la iniciativa más seguido que los hombres. La mejor forma de lidiar con la duda de si un tipo está interesado o no es tomar la iniciativa e ir a pedirle el teléfono directamente. Lo peor que puede pasar es que no pase nada. Si uno se queda esperando, probablemente le empiecen a crecer raíces”.

Meticulosos, casi militantes

Guiomar: “Compran cada vez más comida orgánica y han llegado a mirarme mal cuando volvía del supermercado con comida normal. ¿De dónde sacarán el dinero para comprar la fruta por piezas?”

Martha: “Son militantes como en el caso del veganismo. No es suficiente ser vegano, sino que es una forma de definirse. También pasa cuando las mujeres deciden ser ‘Mutti’ (mami) y quedarse en casa sin trabajar. Cada vez que hacen algo, lo hacen al 100%”.

Devotos de la puntualidad

Laura: “Se frustran fácilmente cuando pierden el control del tiempo: cuando una pantallita de estación de tren muestra la palabra ‘Verspätet’ (con retraso) todos gruñen y sacan sus teléfonos para avisar que van a llegar tarde”.

Fetichistas del reciclado de la basura

Guiomar: “He tenido experiencias diferentes: de ir todo en la misma bolsa, como el caso de una pareja de amigos alemanes, hasta mi compañero de piso alemán donde me echó la bronca por no quitar la pegatina de la cáscara del kiwi y separarla de la bolsa de compota a la bolsa de plástico”.

Manía por el aire puro

Martha: “No hay reunión en la que alguien a los 40 minutos se levante y diga, ‘abramos las ventanas para que entre aire fresco’, sea invierno o verano. Y duermen con la ventana abierta”.

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