En el marco de nuestra colaboración con Funk-Radio, charlamos en exclusiva con Milsy Liebezeit, representante de ‘Einheit for Venezuela’, una iniciativa que trabaja en el apoyo a la comunidad venezolana que busca establecerse en Alemania.

¿Cuál en estos momentos la situación de los refugiados venezolanos en Alemania y cómo está apoyando ‘Einheit for Venezuela’ a esta comunidad?

En primer lugar, tendríamos que separar los conceptos. Para empezar, hay una gran comunidad migrante venezolana en Alemania que se ha incrementado en los últimos años llegando a la cifra de más de 7.500 personas según las últimas cifras de 2020. Son personas que llegan con trabajo o porque tienen familia en Europa, lo que les otorga un cierto estatus a la hora de llegar al país. Y por otra parte también tenemos a las personas que solicitan asilo y refugio en Alemania, quienes se encuentran en su mayoría en el estado de Sajonia, que el pasado año estaba en torno a las 732 personas. Para el 2020 solo tenemos cifras hasta el mes de mayo porque debido a la pandemia del coronavirus era lógico que no llegasen más personas al país. Y la cifra se ubicó en 352 para el 17 de junio de este año, Todas esas personas están solicitando asilo o refugio, a algunos se les ha sido concedido, sobre todo asilo político, y algunos obtienen protección subsidiaria o por lo menos que no pueden irse del país, con una prohibición de deportación. No obstante, las cifras de aprobación de los casos, en cualquiera de estas cuatro categorías, es muy pequeña en comparación a las solicitudes de asilo. Aproximadamente, un 61% de los casos están siendo rechazados por el BAMF (Bundesamt für Migration und Flüchtlinge).

¿Y por qué este rechazo a la comunidad venezolana? ¿Hay alguna razón específica para esto?

Milsy Liebezeit, representante de ‘Einheit für Venezuela’.

Hay varias razones que son las que estamos tratando de investigar. Tiene que ver en muchos casos, y así lo consideramos, con una gran falta de conocimiento de las autoridades sobre la situación venezolana. El caso del asilo venezolano en Alemania es relativamente nuevo. Contamos con unos tres o cuatro años y las cifras han ido en aumento. No obstante, el conocimiento y el entendimiento de la realidad venezolana es todavía pequeño. En Venezuela no hay separación de poderes políticos y eso es algo que cuesta mucho de entender en países como Alemania, entonces eso dificulta muchísimo la aprobación de un asilo político o de un refugio. Por otro lado, está la parte de la seguridad personal, la seguridad alimentaria, el respeto a los derechos humanos y todo esto no es siempre considerado como una causa para pedir un asilo o un refugio. En muchos casos se otorga refugio humanitario cuando estallan las bombas o cuando se está en una situación de guerra. Y como esta guerra venezolana, vamos a llamarla así, es una guerra silenciosa entonces dificulta aún más ese entendimiento. También existe la persecución política de los grupos llamados colectivos y estos grupos colectivos no son vistos como grupos de persecución política sino como grupos que son de delincuentes y eso dificulta también la aprobación de un refugio o de un asilo.

¿Hay algún criterio objetivo desde las autoridades competentes que se oponga a que se reconozcan estas solicitudes o solo es un desconocimiento de la situación?

No lo sabemos todavía. No sabemos si se trata de una decisión de estado o también una falta de conocimiento de esa situación. Hemos leído alunas respuestas sobre los casos de las negativas y no podemos entender como a algunas personas se les niegan esos casos. En el caso del refugio se aplica, sobre todo, a personas que están enfermas y que se reconoce que no pueden defenderse ni podrían sobrevivir en Venezuela con todos las condiciones sanitarias y de alimentación que hay en estos momentos allí.

Nos consta que también ha habido deportaciones desde los aeropuertos a gente que llevaba desde Venezuela. ¿Conocéis algunos de estos casos?

Sí, conocemos varios casos. El año pasado trabajamos tratando de apoyar a muchos de ellos y no es que los regresen, es que no los dejan entrar en el país. Si la persona llega al área de circulación y apenas esté su pasaporte sellado pisa el territorio alemán puede solicitar un asilo. Pero en la mayoría de casos no dejan a la persona entrar sino que la dejan en el área de tránsito y después las regresan. Con los aeropuertos cerrados no hemos tenido nuevos casos pero el año pasado todos los días nos llegaba un caso nuevo de una persona que no podía entrar si no cumplía condiciones como, por ejemplo, traer dinero, tener una reserva de hotel o periodo de estadía largo. Se tomaban ese derecho de regresar a las personas justo antes de entrar en Alemania.

Y en el caso de las devoluciones, si una persona era devuelta a Venezuela, ¿a qué consecuencias se enfrentaba allí o en qué situación se encontraba?

Mucha gente vende sus últimas pertenencias para poder comprar un billete de avión. Desde Venezuela, o desde Colombia, un billete de avión es muy caro, está entre los 1500 y 2000 euros y si se trata de una familia se pueden imaginar la cifra. En una país con una devaluación tan grande como Venezuela llegar a ahorrar esas cantidades es una hazaña que puede durar años y, como digo, hasta las ventas de tus pertenencias. Esas personas que regresan buscan pedir asilo en otro país o buscan también, me imagino, comenzar desde cero, pero es una situación muy desesperante. Siempre hemos escuchado muchas lágrimas y mucho desespero en esas personas que regresan porque saben que regresan a la nada y que vendieron todo por ese sueño de emigrar.

Con la iniciativa ‘Einheit für Venezuela’ habéis empezado a apoyar o tratar de cambiar esta situación. ¿Qué estáis haciendo desde la iniciativa para intentar ayudar a la comunidad venezolana?

‘Einheit für Venezuela’ se encarga exactamente del esclarecimiento y la información política. Tenemos trabajos en distintas direcciones. Una a nivel parlamentario, tanto europeo como alemán, informando y denunciando a todas las autoridades las cosas que suceden en Venezuela, como por ejemplo, el año pasado, por los daños y abusos a los derechos humanos en el Arco Minero del Orinoco con la explotación ilegal de minerales. Y, por otra parte, tratamos también de ayudar a la comunidad informándoles sobre Alemania, cómo funciona el país, y enseñándoles alemán con cursos gratuitos como los siete que hicimos durante la cuarentena para la gente del refugio y también para las personas que recién están llegando a Alemania y no tienen conocimientos. También abrimos 22 talleres de información sobre cuestiones como el clima, el sistema educativo o hasta cómo vestirse en Alemania. Tratamos de apoyar a las personas en varios aspectos para que, además, se sientan acompañadas. Hubo varios talleres de migración y acompañamiento emocional porque sabemos, y entendemos, que el problema más grande que tienen ahora los migrantes venezolanos es que llegan con traumas a una sociedad que es totalmente distinta, con un idioma que no conocen y donde tienen que acoplarse y ubicarse en un nuevo contexto. Nuestro grupo trató durante la cuarentena de acompañar a estas personas para que tuviesen un mejor inicio en la comunidad venezolana.

¿Y por qué se ha destinado a la comunidad venezolana a Sajonia y a ciudades como Dresden y Leipzig?

Es por el BAMF. El BAMF tiene una clave de distribución de las personas en el país y a los venezolanos les correspondió todo el estado de Sajonia. Hemos descubierto que no solo se encuentran en Leipzig, Dresden o Chemnitz, sino que cuando ya se mudan del primer lugar de acogida al segundo llegan hasta lugares totalmente lejanos de la geografía alemana. Hemos tenido casos de personas que están más cerca de ciudades en la República Checa que en la misma Alemania. Para ellos estudiar, aprender un curso de alemán o ir a trabajar, se convierte en una hazaña porque están en pueblitos totalmente ubicados en mitad de la nada, lo que hace aún más dura la situación. No sé cuál es el pensamiento que tiene el BAMF detrás de ello, me imagino que poblar la zona.

Además no son zonas presumiblemente acogedoras a sabiendas de las tendencias políticas que campan por allí. ¿Ha habido algún problema de rechazo con la comunidad venezolana?

Hace dos años hubo un par de situaciones en las cuales las personas que estaban solicitando refugio y asilo estuvieron encerradas varios días cuando comenzó todo el movimiento del Pegida. Estuve hace poco por allí haciendo un recorrido por todo el estado, escuchando a las personas y recogiendo testimonios y es difícil. Más que por la dirección política, tiene que ver más con la falta de conocimiento del extranjero. A estos estados de la antigua Alemania oriental no llegan tantos turistas, tantas personas con nuevas culturas, como sí pasa en otras regiones. Esa falta de contacto con los extranjeros se nota. No obstante, cuando hablas el idioma son muy amables, simpáticos y abiertos.

¿Qué podemos decirle a todos aquellos hispanohablantes de cómo pueden apoyar vuestra iniciativa y a toda esta nueva comunidad venezolana que está dando sus primeros pasos en Alemania?

No solamente a la comunidad hispanohablante, sino a toda la comunidad. Cuando uno vea a alguien de otro país, alguien que está emigrando, creo que sonreír, abrirse y acompañar a estas personas es lo mejor que puede pasar. Por supuesto que hay necesidades básicas, porque no tienen nada, pero lo más importante que deben recibir es el apoyo moral. Que se unan y que también reflexionen y tomen a consideración la situación de esos más de 700 solicitantes de asilo que están en estos momentos esperando por una respuesta.

Puedes escuchar la entrevista al completo con Milsy Liebezeit en el último programa de FUNK RADIO: