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Desde el Cáucaso hasta Alemania: trayectoria de un árbol de Navidad

christmas-tree-1856343_1920Karl-Heinz Frank pasa su mano examinando cuidadosamente las ramas de un pequeño abeto. Es una tarde gris de otoño, el hombre camina entre un mar de árboles de Navidad mojados por la lluvia y tan altos como un adulto. Son más de 4.000 en este campo, estima Frank. Además de abetos de Nordmann, también conocidos como abetos del Cáucaso, en el terreno crecen píceas azules.

Tres cuartos de los árboles que en Navidad decoran los hogares germanos son abetos de Nordmann, afirma Hans-Georg Dressler, de la asociación alemana de productores de árboles navideños. Los clientes los prefieren porque sus suaves agujas no pinchan y no se secan y caen tan rápidamente.

Pero hasta llegar a su resplandeciente final y a una altura de dos metros, el árbol ha pasado en total unos diez años en dos plantaciones distintas. El camino del popular abeto tiene su inicio en el lejano Cáucaso: los plantines provienen de Georgia.

“Las piñas se cosechan en las montañas del Cáucaso, de abetos de hasta 60 metros de altura”, explica Frank. Posteriormente, pasan unos tres años en un semillero. De allí inician el viaje a las plantaciones, donde permanecen alrededor de siete años hasta alcanzar la altura típica.

“Cuesta más trabajo de lo que uno piensa”, asegura el agricultor de 50 años de edad. En realidad, Frank trabaja como mecánico, los árboles de Navidad son un ingreso adicional. Comenzó con ellos porque buscaba una alternativa a la agricultura convencional, aclara.

Frank es dueño de una de las casi 3.000 plantaciones de abetos navideños que existen en Alemania. El año pasado se vendieron 29,3 millones de árboles, unos 100.000 más que en 2014. Este aumento se debe al creciente número de personas que viven solas y a la moda de tener un segundo árbol de Navidad en el balcón o en la terraza, según indican datos de la asociación alemana de la industria de la madera.

En la plantación de Frank el trabajo fuerte comenzó a mediados de noviembre. Los abetos se venden ya cortados o uno mismo puede tomar un hacha y talar el ejemplar preferido. “Esto es todo un acontecimiento, sobre todo para las familias”, asegura una empleada de Frank.

Karlsruhe (Alemania), 6 dic (dpa)

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