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El futuro incierto de los enanos de jardín en Alemania

dwarf-1336356_1280El clásico enanito de jardín con su gorro ladeado es tan típico de Alemania como las salchichas o el fútbol; sin embargo, estos pequeños hombrecillos de cerámica parecen estar en vías de extinción, ya que cada vez son menos las firmas que los producen de manera tradicional.


“La calidad ha empeorado notablemente en los últimos años, casi no hay fabricantes, y tampoco creo que los haya en el futuro”, señala Fran Ullrich, experto del parque temático Trusetal, en el estado de Turingia.

Por otro lado, los comerciantes registran una gran demanda de estas figuras, consideradas por muchos como objeto de culto y repudiadas por otros tantos como máxima expresión de cursilería.

El último fabricante de este tradicional símbolo alemán se encuentra en Gräfenroda, una pequeña localidad de Turingia que se considera a sí misma la cuna de los enanitos de jardín.

El propietario Reinhard Griebel celebró hace dos años el centésimo cuadragésimo aniversario de la empresa familiar. Sus antepasados forman parte del grupo de precursores que comenzaron a producir enanos de cerámica en serie.

La historia de la producción masiva de enanos de jardín comenzó a finales del siglo XIX, relata el experto Ullrich. Con el surgimiento de parcelas destinadas a la jardinería en las grandes ciudades y las posteriores colonias de pequeños jardines urbanos, los enanitos tuvieron gran auge en Alemania.

“En esa época casi todos los fabricantes alemanes de cerámica tenían enanos de jardín en su surtido”, agrega Ullrich, a pesar de que el precio de 35 marcos imperiales por cada unidad era equivalente al salario de un mes.

Hoy en día, un enano de jardín en buen estado producido por una de las antiguas fábricas es cotizado hasta en 3.500 euros en las subastas. “Pero en las últimas décadas, la calidad ha disminuído en forma notable”, destaca el fabricante Griebel. Las figuras modeladas al detalle con muchos accesorios prácticamente han desaparecido en pos de mantener los precios a bajo nivel.

En las proximidades de la firma Griebel y su museo adyacente se encuentra el Parque de Enanos Trusetal, también en Turingia. La colección presentada por Frank Ullrich en este sitio suma hasta ahora 2.500 figuras, las más valiosas son expuestas en un museo propio.

El carácter de los enanitos ha cambiado con el tiempo, destacan los conocedores. Los modelos más antiguos denotaban arrugas y rasgos marcados por el trabajo, los enanos actuales tienen el rostro terso y llevan una eterna sonrisa de oreja a oreja. “El enano de jardín es hoy más bien un producto que sirve para divertir”, opina el comerciante especializado Ronald Rasch, que ofrece unos 750 modelos en Internet. “La demanda aumenta un poco cada año”, agrega.

Hasta hace un tiempo, los clientes preferían enanitos frívolos y nudistas, pero la tendencia actual son los modelos cromados. “Las figuras de producción alemana tienen gran demanda”, comenta Rasch. “Son más resistentes a la intemperie y más duraderas que los ejemplares baratos ofrecidos en las tiendas de la construcción, que terminan en la basura después de una temporada.”

De momento no se sabe cuánto tiempo más será posible producir los típicos enanitos de cerámica en Turingia. “Estamos buscando un sucesor para la firma desde hace años, pero hasta ahora todos han desistido ante el gran trabajo y los riesgos de ser autónomo”, comenta Reinhard Griebel, al frente de la empresa familiar.

El ingeniero ceramista aún no piensa en retirarse, pero para él es importante encontrar un experto que quiera continuar con la tradición artesanal y con el museo en Gräfenroda. “De no ser así, esta tradición posiblemente llegará a su fin”, vaticina Griebel.

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