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Entre cielo y tierra: montando andamios en la catedral de Colonia


Catedral de Colonia (Foto – Pixabay)

Wolfgang Schmitz hace acrobacia sobre quebradas, grietas y abismos y se cuelga de almenas y púas. El alemán de 55 años monta andamios en la famosa catedral gótica de Colonia, ya que lo que más le gusta es encaramarse a la punta de la torre más alta, a 157 metros de altura.

«Cuanto más alto, mejor», comenta Schmitz. Su puesto de trabajo es en verdad único. Sobre su cabeza se elevan arcos y pilares, por los que trepan flores y follaje tallados en la piedra.

Alas blancas de ángeles resaltan en los muros oscuros, gárgolas monstruosas y figuras demoníacas abren sus bocas entre los restos esqueléticos de pájaros, un indicio de que los halcones se han dado un festín.

Y cuando sopla el viento, también tienen que retirarse de los andamios exteriores, ya que corren peligro de que una ráfaga los sacuda de un lado a otro porque a menudo los hombres sólo están amarrados a una sola cuerda. Y tampoco tienen que ser muy sensibles al frío.

A estas alturas, lo que mejor se oye son sus graznidos, rodeados por el susurro de los vehículos en la calle, la lluvia y el viento. La lluvia no es favorable para Schmitz y sus cinco colegas, ya que es muy fácil resbalar en los tablones mojados.

El majestuoso templo tiene 157 metros de altura y con su superficie de 10.000 metros cuadrados – es más grande que una cancha de fútbol – es la mayor de todas las iglesias de Alemania. Un centenar de especialistas están constantemente ocupados en restaurar las antiguas estructuras y preservar a la catedral del desmoronamiento. Esta es la tarea de Schmitz y sus cinco colegas.

Arriba, en la torre, la catedral, la ciudad y el cielo se convierten en una unidad. Lo que más agrada a Schmitz es el amanecer, ya sea en verano o en invierno. «Entonces me giro hacia el saliente y dejo que el sol salga sobre Colonia», relata el hombre que no teme a las grandes alturas.

Colonia (Alemania), 19 dic por Christoph Driessen (dpa)

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