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La UE y la crisis de refugiados, ¿un pacto al límite de la ley?

refugees-1030249_1920 Normalmente, una cumbre de la Unión Europea (UE) es un acontecimiento más para la canciller alemana, Angela Merkel. Si en estos encuentros de los 28 jefes de Estado y de Gobierno no funciona algo, se espera al próximo. Sin embargo, esta vez las cosas son distintas. La canciller necesita un acuerdo. Ahora.

El jueves llegó a Bruselas horas antes del inicio de la cumbre y mantuvo una conversación tras otra. Si el viernes no hay un acuerdo concreto para solucionar la crisis de refugiados, podría haber una nueva crisis: una que tenga por protagonista a la jefa de Gobierno.

La canciller estuvo reunida con Horst Seehofer, el jefe de la CSU (el socio bávaro de Merkel en el gobierno) hasta tarde en la noche en la Cancillería. El jefe de la Unión Cristianosocial (CSU) pide un límite máximo alemán para los refugiados. Casi nadie hace tantos reproches a Merkel como él.

El presidente del partido hermano de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel la acusa de tener la culpa de la debacle de CDU y el ascenso de la Alternativa para Alemania (AfD) populista de derechas en las elecciones regionales del domingo. Ahora, espera a Merkel otra noche sin dormir en Bruselas.

Lo paradójico es que justamente Merkel, que siempre vio de forma crítica a Turquía y su manejo del conflicto kurdo, así como las limitaciones a la libertad de prensa y los derechos humanos, sea considerada ahora una amiga de Ankara.

Merkel elogia a Turquía por su recepción de más de 2,5 millones de refugiados sirios y apuesta todo a que la UE llegue a un acuerdo con este difícil candidato a ingresar en la unión. Para ello está incluso dispuesta a liberar de la obligación de visado a los turcos, algo que es visto de forma crítica tanto dentro de la CDU como la CSU.

Los líderes de la UE consideran un pacto con Turquía posible, pero limitado, ya que el tratamiento previsto de los refugiados en Grecia y Turquía es considerado delicado desde el punto de vista legal. Todas las personas que hayan huido ilegalmente a Grecia deben ser devueltas a Turquía. Por otra parte, los inmigrantes legales podrán ingresar a Europa desde allí.

A nadie le gusta decirlo en público, pero la UE, ganadora del Premio Nobel de la Paz, se encuentra ante un dilema moral.

La que lo dijo más claro al iniciar hoy la cumbre fue la presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite: “Entiendo y apoyo una parte de las críticas porque creo que el paquete propuesto es muy complicado, la implementación será muy difícil y está al límite del derecho internacional”.

Merkel señaló: “Naturalmente es importante que cada refugiado sea considerado individualmente y que pueda hacer valer sus derechos”. Sin embargo, dijo ser cautamente optimista, al igual que el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk. Una sintonía después de varias diferencias en las últimas semanas entre alemanes y polacos.

La fuerte disputa por la política de refugiados europea ensombrece, sin embargo, el hecho de que los estados miembro están de acuerdo hace meses en el objetivo de fondo.

Merkel quiere, al igual que el jefe de Gobierno húngaro, Viktor Orban, y el canciller austríaco, Werner Faymann, reducir lo más posible el número de migrantes que llegan a Europa. La idea es que éstos puedan estar a salvo de la guerra y la persecución no en la UE, sino cerca de sus países de origen.

Todos los países de la UE tienen en claro que esta “solución de la crisis de refugiados” sólo funcionará si le pagan varios millones de euros más a Turquía y le hacen concesiones políticas. Y es que, si las autoridades turcas siguen permitiendo que los traficantes hagan su trabajo, no se podrá limitar el flujo de refugiados a través del mar Egeo.

¿Por qué, entonces, llevan tanto tiempo las negociaciones? Como tantas otras veces, se trata, a fin de cuentas, de intereses nacionales.

Chipre quiere que las negociaciones para el ingreso de Turquía a la UE recién se amplíen cuando el Gobierno en Ankara haya hecho concesiones que indiquen que se encamina a una reunificación del estado insular, dividido desde hace décadas en una parte turca y una chipriota. Hungría y otros países del este de Europa se oponen, en cambio, a aceptar voluntariamente refugiados procedentes de Turquía.

Se necesitan compromisos alrededor de estos puntos durante el encuentro previsto para el viernes con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu.

Los procedimientos de decisión de las cumbres de la UE no prevén que se puedan imponer decisiones a los países por separado. “El acuerdo debe ser aceptable para los 28 países miembro de la UE, sean grandes o pequeños”, explicó Tusk. Más que a un fracaso de las negociaciones, en Bruselas se teme a que lo que fracase sea la implementación posterior del acuerdo, o que se posponga.

Por Kristina Dunz y Ansgar Haase (dpa)

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