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Un año del atentado islamista que Alemania no logró evitar

PolizeiEl puesto en el que Max Müller y su mujer Katalina vendían vino caliente y panes típicos el 19 de diciembre de 2016 en el mercado navideño junto a la Iglesia de la Memoria de Berlín ya no existe.

“Se desmoronó como un castillo de naipes”, cuenta el joven de 26 años. “Yo estaba justo delante. El camión pasó a un metro de mí y se estrelló contra el puesto. Tuve que sacar a mi mujer”. Seis generaciones de su familia han trabajado en mercados y parques de atracciones.

“NOS PROTEGIÓ EL ÁNGEL DE LA GUARDA”

Hace un año, el tunecino Anis Amri embistió los puestos del mercado navideño con un camión que había robado, en lo que constituyó el atentado islamista más mortífero que ha golpeado Alemania, dejando once muertos. Antes había asesinado a tiros al conductor del camión, de nacionalidad polaca.

Unas 70 personas sufrieron heridas y muchas tendrán que soportar las secuelas de por vida. Los Müller sobrevivieron y resultaron ilesos, al menos físicamente. “Nos protegió el ángel de la guarda”.

El ataque fue reivindicado por la milicia terrorista Estado Islámico. Amri, de 24 años, fue abatido cuatro días después por la Policía en la ciudad italiana de Milán cuando era buscado con orden de captura en toda Europa.

Tras la matanza salió a la luz que el tunecino tenía un historial delictivo en su país y en Italia, y que había llegado a Alemania junto con la ola de refugiados en 2015 deambulando por el país bajo 14 identidades diferentes. Su petición de asilo había sido denegada y su deportación se demoraba por falta de documentos.

EN EL PUNTO DE MIRA

El estupor cundió en Alemania cuando quedó de manifiesto que distintos servicios de seguridad del país lo habían tenido en el punto de mira durante meses y dejaron de vigilarlo por errores de coordinación y por la supuesta falta de pruebas concretas pese a haber sido advertidos por los servicios extranjeros de la peligrosidad de Amri.

Los medios apuntan incluso a que informantes de los servicios secretos habían tenido contacto directo con el terrorista y que uno de ellos lo instigó a atentar en Alemania.

El joven tunecino había sido reclutado para el autoproclamado Estado Islámico en una mezquita de la ciudad de Hildesheim, en el oeste del país, por el predicador Ahmad Abdelazziz A., según medios alemanes. El reclutador iraquí conocido como Abu Walaa es juzgado por pertenecer a una organización terrorista. “Se cometieron graves errores que no se deberían haber cometido (…) Todo lo que se pudo hacer mal, se hizo mal”, sentenció el comisionado del Gobierno berlinés, Bruno Jost, al presentar un informe.

El atentado ha sido objeto de análisis de dos comisiones parlamentarias en los estados de Berlín y Renania del Norte-Westfalia. Los Verdes y el Partido Liberal exigen también una investigación en el Parlamento federal.

“Cuantos más errores de la investigación salían a la luz, más crecía mi cólera”, cuenta Müller. “¿Cómo puede ser que no consiguieran deportar a un solicitante de asilo rechazado y con pasado delictivo?”, se pregunta. “Con la ola de refugiados llegaron también extranjeros criminales. Hombres violentos siguen dando vueltas por aquí. ¿Hay alguien que me pueda explicar esto? Yo espero que el Estado de derecho me proteja”.

“ESTE AÑO ES DISTINTO”

Müller ya no quiere mirar atrás. Este año se compró un puesto de madera más grande que el anterior. “Este año es distinto”, dice mientras ve a los policías fuertemente armados patrullar el mercado y apostarse junto a los bolardos de cemento que protegen las entradas. “Es como una fortaleza”.

En el lugar en el que se ubicaba su puesto habrá un monumento en memoria de las víctimas. Una grieta dorada recorrerá el suelo y en los peldaños de la vecina Iglesia de la Memoria Gedächtniskirche, una de las principales atracciones turísticas de Berlín, se colocarán placas con los nombres de los fallecidos.

Max Müller había terminado de pagar el crédito por su puesto cuando ocurrió el atentado. Ha vuelto a pedir un préstamo, esta vez de 30.000 euros. Ha recibido 23.000 euros del seguro y 10.000 del fondo de ayuda a las víctimas creado por el Estado alemán.

No quiere ni mencionar el peregrinaje que le costó reunir el dinero. Un vía crucis de trámites que debieron pasar los familiares de los fallecidos y los heridos, que criticaron la falta de empatía y la frialdad con la que fueron tratados muchas veces por los organismos públicos.

“Una vez hechas las autopsias, a los familiares se les enviaron las facturas que recordaban que el pago estaba pendiente. Fueron vivencias horribles que no deben repetirse”, demandó el comisionado del Gobierno para las víctimas, Kurt Beck. “Alemania no estaba preparada para reaccionar ante un atentado como este”.

En una carta abierta, los allegados y las víctimas acusaron a la canciller, Angela Merkel, de inactividad y errores políticos. Merkel reaccionó con una visita inesperada al mercado días atrás y anunció una reunión con los damnificados.

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