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Parte de la Isla de los Museos en Berlín abre este martes

El museo ahora se puede recorrer en un solo sentido. «Guiamos a los visitantes con flechas por las salas», explica Ralph Gleis, director de la Antigua Galería Nacional en Berlín, quien muestra unas hojas con los planos de las tres plantas.

Foto de pixabay

Gruesos trazos verdes muestran por dónde se podrá recorrer este edificio clasicista a partir del martes. Ese día la Antigua Galería Nacional con sus obras de los siglos XIX y principios del XX será una de las entidades de la Isla de los Museos que volverá a abrir tras dos meses de pausa a causa de la pandemia de coronavirus.

La Isla de los Museos es claramente un punto de atracción en Berlín. «Es el centro del turismo», dice Gleis.

También podría decir que es  patrimonio cultural de la humanidad. Seis grandes museos se levantan entre el río Spree y uno de sus afluentes. Las atracciones claves son el Altar de Pérgamo o Nefertiti. Anualmente llegan hasta la isla unas tres millones de personas, aún cuando quedan muchas partes en obras y cerradas hasta al menos 2030.

Aquí todo está conectado. Los Museos Estatales suman 13 colecciones en 19 sedes. Junto a la Antigua Galería Nacional en la Isla de los Museos abrirán sus puertas también el Altes Museum (Museo Antiguo) y Panorama de Pérgamo, el sustituto aún por unos años del Museo Pérgamo, apenas accesible por obras. Además, abrirá la Gemäldegalerie ubicada en el Kulturforum.

Estas primeras aperturas también suponen una prueba. Los Museos Estatales van a actuar de forma más bien defensiva. «Seguiremos siendo muy cuidadosos y en el futuro preferimos ser antes restrictivos que demasiado relajados», anunció el presidente de la Fundación Patrimonio Cultural Prusiano, Hermann Parzinger. Los Museos Estatales son parte de la fundación.

Detrás de los históricos muros de la Isla de los Museos hay muchas atracciones. Así, por ejemplo, en una sola sala de la Antigua Galería Nacional hay tantas obras importantes de Caspar David Friedrich (1774-1840), que en una exposición especial en cualquier otra ciudad del mundo serían un éxito de taquilla.

Pero en tiempos de coronavirus no puede haber gran afluencia de visitantes ni taquillas para cobrar en efectivo. «Ya no habrá filas en los museos. El ingreso será con horarios determinados y sólo con entradas adquiridas por Internet o por pago con código QR», explica Gleis.

Delante del museo, en la entrada y en las diferentes plantas habrá más personal de vigilancia. «Pondremos mucha atención en la comunicación», explica Gleis. En caso de duda a los visitantes se les explicarán las reglas. El personal ya está entrenado en vigilar la distancia con respecto a las obras de arte. Ahora deberá preservar que también se cumpla entre los visitantes.

Unas marcas en el suelo determinan la distancia que se debe mantener. «Algunas cosas las aprendimos de los supermercados», señala Gleis. Además, se limitará la cantidad de visitantes. «No dejaremos entrar a más de 300 personas al museo». Lo habitual son el doble.

Junto a las limitaciones que supone el sistema de recorrido en una sola dirección también debieron quitarse algunos objetos de las salas. «Retiramos todo lo que tuviera pantallas táctiles y todos los catálogos expuestos». No debe quedar nada que pueda ser tocado por numerosas personas.

En el control de las entradas, además de ser obligatorio el uso de mascarillas, unos divisores de metacrilato (plexiglás) garantizarán que se mantenga la distancia. Según Gleis, este material ya no es fácil de conseguir en tiempos de coronavirus. «El plexiglás es el nuevo papel higiénico».

Aquel visitante que haya pasado con éxito los controles de entrada, «podrá concentrarse en el arte lejos del turismo de masas, sin empujones ni aglomeraciones». Un museo, después de todo, es un remanso de paz en estos tiempos acelerados, lo que viene bien para distraer del estrés del coronavirus.

Berlín, 10 may (dpa)